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Hrf
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Siguiendo la estela de Angelina Jolie o Lady Gaga, cientos de mujeres estuvieron presentes en la gran reunión anual de los seguidores de este arte.
Los puestos son japoneses, europeos, brasileños, estadounidenses, mientras que la clientela es mayoritariamente local.
Lucy Challenger ha llegado desde Londres para que le acaben de realizar un tatuaje monumental que comenzó a hacerse hace 2 años con una artista china que ha viajado a Nueva York desde Los Ángeles para la Convención de Tatuajes de Nueva York.
Para otras mujeres, el tatuaje es también una rebelión.
Rosemarie Osborn, una expolicía de 43 años, dio el paso cuando había cumplido los 35 para celebrar su divorcio. Wendy Richard, de 28 años, se tatuó cuando llegó a Nueva York desde su Wisconsin natal. Lleva un traje muy pulcro que deja ver un gran tatuaje en el muslo, además de otros que quedan escondidos bajo la ropa. Ella ha venido a la Convención a buscar a un nuevo artista, puesto que, como también le ocurre a otros muchos apasionados por los tatuajes, necesita tener una relación de confianza con el tatuador que, normalmente, se prolonga a lo largo de los años.
Otras 2 chicas brasileñas consultan un catálogo todavía un poco sorprendidas con la exuberancia de los tatuajes neoyorquinos. Hannah Gopa, una estudiante de fotografía, es una de las pocas personas sin tatuar que se mezcla entre los visitantes. Esta pensando en hacerse alguno, ya que todos sus amigos tienen al menos uno. Pero está dudando. Es una manera de decirle a los demás quién eres sin decirlo, pero yo no sé quién soy, dice sonriendo.

